domingo, 22 de junio de 2008

Marina (cansancio mitológico)

Atravesando el centro del estío,
moldeada por la ola y la leyenda,
ya perfila la diosa el desafío
al sol que se destila en una ofrenda.

Sobre su piel de luna acantilada
derrama el sol sus uvas en cadena,
y ella bebe del sol, transfigurada
en la callada plenitud de arena.

Mar y cielo conspiran y entrelazan
un horizonte de encendido hielo.
Dos nubes vagabundas se disfrazan
con retales del tiempo sobre el suelo.

Pero mirad allí, en aquel extremo;
desvencijado y ciego se alza un faro
huérfano de farero: Polifemo
cesante, triste, pensativo y raro.

No alumbrará ya más las negras quillas
en las noches umbrías de los cuentos
de los marinos. Bajo sus cimientos
se marchitan los mapas y las millas.

Y en su calva de viejo anacoreta
algo se mueve, un vuelo enardecido,
un color, un delirio, una cometa
que el aire ya destrenza de su nido

y la aloja precisa y meridiana
para mercadería de altas sedas:
virgen acróbata, velera Diana
de las artificiosas arboledas.

De plata y humo, el trémulo cordaje
apenas ya sujeta su inocencia,
sus celestes modales, la querencia
de hacerle al mediodía un tatuaje.

Alborota el concilio de los pinos
taciturnos, y asciende a otras derrotas,
más altas que los altos desatinos
y que la noria de las gaviotas.

La turba el sol con sus ardientes sales.
La briza entre sus haces, la embelesa.
Y ella sabe que hollar esos portales
o deshilar camino es vana empresa.

Así, grácil novicia de planeta,
traza al azul su última sonrisa,
y se deshace libre la coleta,
y se suelta del ala de la brisa.

Abajo, en soledad de estatua y rosa,
gotea al mediodía un nuevo brillo.
Frente a un suicidio en flor de mariposa
la diosa se ha encendido un cigarrillo.


(Nota editorial: Este poema lo perpetré hace muchos años. Ahora le he limpiado el polvo acumulado de pesimismo y lo cuelgo aquí, con la modesta pretensión de desearles una feliz entrada de verano, a dos días del célebre solsticio de las narices. Es posible que el verano sea la más descerebrada de las estaciones, pero denle una oportunidad. Luego vendrá septiembre y el otoño para volvernos pensativos e indagadores. El verano es un niño bobo que siempre va de la mano del otoño, adulto y grave. Pero déjenle que corra un poco. Unas cuantas travesuras no están de más. No hay cuidado. El mayor vigila para que el pequeño no se rompa la crisma en su absurda eterna bicicleta.)

viernes, 20 de junio de 2008

M.K.

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Melina Kaná es, de lejos, la mejor cantante griega. No hay una voz como la suya. Profundamente humana, con ese vibrato tan propio, inconfundible metal oscuro y nicotina. Es como si siempre estuviese acatarrada, hay algo de asma, de pasión por respirar, de querer seguir a toda costa dentro de la canción. Dice que canta con los ojos cerrados porque el céfiro llora dentro de ella. Le pide a Tamiris que se siente a su lado y le cuente de las alegrías y zozobras de los hombres...

miércoles, 18 de junio de 2008

Idea Vilariño (2 poemas)

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Sé que le debo a Marta el felicísimo decubrimiento de la poeta Idea Vilariño (Montevideo, 1920), pero no sé dónde fue, si en una entrada en su antiguo blog o en un comentario que dejó por ahí, en otro blog, porque mi memoria no está ultimamente para muchas verbenas. Pero de lo que estoy seguro es de que Marta es la responsable. Así que gracias miles, Marta.
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DESNUDEZ TOTAL

Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.

La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.

Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.

Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.

Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.

(Idea Vilariño)

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DECIR NO...

Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.

(Idea Vilariño)

lunes, 16 de junio de 2008

sábado, 14 de junio de 2008

Erina y su rueca

Ser mujer y de Grecia, escribir poesía y vivir en una época muy lejana, parece que son los ingredientes ideales para llamarse Safo. Pero la tradición manuscrita también nos da noticia de otras poetas griegas de la antigüedad además de la gran cantora de Mitilene. Felizmente, y a pesar de la poca obra que ha sobrevivido de todas ellas tomadas en conjunto, sospechamos que ninguna pretendió ser una imitadora de la lesbia.

De este grupo tan heterogéneo de poetas juntados por el simple azar de ser mujeres, ninguna me ha llegado a conmover tanto como Erina de Telos, que vivió allá por el siglo IV a. de C. Dejó unos cuantos epigramas bastante dignos recogidos en la Antología Palatina, pero ya la Suda nos avisaba de su gran obra, un poema tilulado La rueca, que constaba de unos trescientos hexámetros y que su autora lo había compuesto a la edad de quince años. ¿Cuáles fueron las circunstancias que dieron pie a tal poema? Bien, parece que Erina pertenecía (o la habían hecho pertenecer) a una suerte de culto religioso muy estricto, que la tenía confinada, y se entera de que Baucis, la amiga de su niñez (y, probablemente, la única amiga que ha tenido) ha muerto. Entre la realidad tajante de la muerte, el sinsentido de su propia vida y el paraíso perdido de una infancia en la que tal vez seguía varada, nuestra joven poeta se encuentra tan desnortada que sólo sabe refugiarse en esa obsesiva rueca de la memoria, en ese maniático volver siempre al mismo lugar, que es la poesía. De los trescientos hexámetros de que habla la Suda, tan sólo conocemos hoy en día veintiséis, un leve destello de lo que tal vez pudo ser esa arrolladora y simple elegía y ese hermosísimo alegato de la amistad, más allá de todo tiempo y de todo lugar.

Erina recuerda en ese fragmento papiráceo los juegos de la «tortuga» (sin duda una variante griega antigua de la gallina ciega), y que jugaba también a ser la madre de Baucis, con la inocencia de quien nunca ha conocido la maternidad ni ha tenido que criar a sus hijos. Se refiere también a Mormo, que es uno de los mil nombres que ha tenido el hombre del saco, no sin ese placer tan especial que suelen causar los terrores infantiles. Pero Baucis se marcha arrastrada por las mareas de la vida, se casa (o la casan, lo cual es más probable) y se muere. Todo de golpe. Demasiado rápido y demasiado duro para la sensible y deconcertada Erina de Telos. Por lo demás, las fuentes antiguas nos cuentan que Erina no sobrevivió mucho tiempo a Baucis.

Hace unos años, ensayé la siguiente traducción de esos veintiséis hexámetros que han sobrevivido de La rueca en la revista Iris de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

... De los blancos caballos a las olas profundas
te abalanzabas tú con pies enloquecidos,
mas yo entonces gritaba: «¡ya te tengo, mi amiga! »
Y, cuando eras tortuga, corrías dando saltos
a través del recinto del gran patio.
Esto es lo que yo lloro, desventurada Baucis,
con profundo pesar: estos vestigios tuyos
en mi corazón yacen aún ardientes, muchacha.
Cenizas son ahora nuestros gozos de entonces.
De niñas, en los cuartos, junto a nuestras muñecas,
jugando a ser las novias y libres de cuidados.
Y, al despuntar el alba, la madre, que entregaba
la lana a las sirvientas tejedoras,
venía, y te llamaba para salar la carne.
¡Ay, de pequeñas cuánto miedo nos daba Mormo,
la de grandes orejas, que andaba a cuatro patas
y que mudaba de una cara a otra!
Pero cuando marchaste hacia el lecho de un hombre,
mi Baucis, olvidaste cuanto habías oído
de tu madre en la infancia, que Afrodita
el olvido metió en tu corazón.
Y yo que te lamento no asisto a tus exequias:
no tengo pies profanos para dejar la casa,
no conviene a mis ojos contemplar un cadáver
y no puedo llorar con los cabellos libres.
Sin embargo, me araña un rubor de vergüenza...

(Trad. de Juan Manuel Macías)

domingo, 8 de junio de 2008

El gallo

Mis nuevos vecinos, pareja joven que viene huyendo de la capital para posar sus reales en Cercedilla, se me quejan de que el canto tempranero de un gallo les desvela de amanecida, y les fastidia su providencial media hora de sueño antes de salir a trabajar. A mí la alarmada confidencia me deja perplejo. Llevo más de quince años en Cercedilla y todavía no he sido capaz de escuchar a un gallo. He oído perros ladrando con melancolía o mala uva, he oído a mis gatos querellándose con otros gatos por esa monomanía procreadora que tienen los gatos, he oído a pandillas de adolescentes regresando de sus botellones y gritando a la madrugada sus poco edificantes observaciones. Mis gatos y los adolescentes ebrios son propensos a hacerse el gallito. Pero de los gallos, lo que se dice gallos, nunca tuve noticia. Me aventuro, no obstante, a dar una explicación provisional. Mis nuevos y cándidos vecinos, urbanitas, han llegado con el sueño poblado de mitologías rurales. De momento, su inconsciente las proyecta sobre ellos mismos, momentos antes de volver a la ciudad para cotizar. Pero es probable que tales alucinaciones acústicas se extiendan al resto del vecindario. Yo así lo espero, porque me encanta que la ciudad nos reinvente el campo. Me acostaré esta noche con la esperanza de madrugar con el canto de un gallo. Ya les contaré.

jueves, 5 de junio de 2008

Life on Mars?

Hace unos días la sonda Fénix de la NASA se ha posado suavemente en algún lugar cercano al polo norte de Marte. Asumo que me arrebata un extraño placer cada vez que una sonda que cuesta varias hipotecas terrestres es capaz de posarse así de suave en Marte. Sin estridencias, sin llamar la atención, con un humilde paracaídas, unas discretas reacciones químicas y un mínimo de retropropulsión, produciendo no más que un pequeño desasosiego de arena roja en torno. La sonda ha empezado a mandar las primeras fotos del lugar, y pueden verlas en http://www.nasa.gov/mission_pages/phoenix/main. Pero no se esperen nada del otro mundo: piedras y más piedras, de todos los tamaños, y muchísimo terreno sin recalificar. El viejo Marte, siempre fiel a sí mismo. Por lo demás, el objetivo de la misión parece ser el de siempre: encontrar el ansiado organismo unicelular, la puñetera bacteria que libere de su antropológica soledad a unos cuantos millones de terrícolas.

¿Habrá vida en Marte? Parte de la solución del enigma la tiene Bowie.