miércoles, 24 de junio de 2015

Y otro poema de María Polydouri

OH, MI CORAZÓN...


Oh, mi corazón extraña,
ahora cuando el día parte,
el sonrosado amanecer,
el sol, el aire.

Las sonrisas de niño,
la ola que acudía
al bullicio de las alegres
vocecitas nuestras que sonaban.

La barca y su vaivén
en la ebriedad de nuestro sueño;
la suave música que se mezclaba
con la quietud del infinito.

La alborada que enrojecía
el ancho mar de nácar
y el limpio deseo
en nuestros ojos de ángel.

Oh, mi corazón extraña,
ahora que el día se apaga,
el paso de la belleza,
la juventud que se me marcha.


(De Los trinos que se extinguen, Vaso Roto, 2013. Traducción de Juan Manuel Macías)


***


ΑΧ, Η ΚΑΡΔΙΑ ΜΟΥ...


Αχ, η καρδιά μου νοσταλγεί,
τώρα που φεύγει η μέρα,
το ροδινό ξημέρωμα,
τον ήλιο, τον αιθέρα.

Τα παιδικά χαμόγελα,
το κύμα που απαντούσε
στο φλοίσβημα της πρόσχαρης
φωνούλας μας που αχούσε.

Τη βάρκα που λικνίζοταν
στη μέθη μας του ονείρου,
το αβρό τραγούδι που έσμιγε
τη σιγαλιά του απείρου.

Τη χαραυγή που ρόδιζε
τα σεντεφένια πλάτια,
την πεθυμιά την άχραντη
στ’ αγγελικά μας μάτια.

Αχ, η καρδιά μου νοσταλγεί,
τώρα που η μέρα σβήνει,
της ομορφιάς το πέρασμα,
τη νειότη που μ’ αφήνει.

Platón

Me pregunto a qué se refieren algunos cuando hablan de platonismo. Platón es el perfecto y adorable sofista, que devuelve el pensamiento humano a su estado natural: un diálogo entre muchos, una obra de teatro, donde nada es verdad ni mentira. Qué humano es Platón. Otros que se queden con el gendarme Aristóteles. Qué delicia volver a leer El banquete...

domingo, 21 de junio de 2015

Las nieves de antaño

Donde se apilaba la nieve cerca de mi calle, y ennegrecía, ahora abre el puesto de los helados. Aquí también llega el verano.

Pensamiento

Creo que vivimos porque alguien se acuerda de nosotros, o piensa en nosotros. Es un don al que tenemos a menudo en demasiada poca estima. El día que no haya nadie que se acuerde de nosotros, no es que dejemos de existir, pero seremos como una casa vacía con todas las luces apagadas.

sábado, 20 de junio de 2015

Sobre un verso de San Juan

En algún lugar, Borges se deshacía en elogios hacia este conocido verso de San Juan de la Cruz: «estando ya mi casa sosegada». Y no sin razón. Con todas esas eses es un verso maravilloso, de los endecasílabos más memorables de la poesía en español. Pasa acariciando. Es la compañía de la poesía, que preferimos antes que la de quien se pone intempestivamente poético. Pero, ay, sea lo que sea lo que este verso quiera decir, si es que quiere decir algo (mil cosas o ninguna), qué difícil debe de ser lograrlo. Nos contentamos, sí, con esa fugaz caricia que sosiega.

viernes, 19 de junio de 2015

Lewis y Safo y una antigua copla

En Mientras no tengamos rostro (Till we have faces), la maravillosa novela de C.S. Lewis (maravillosa, aun a despecho de su inevitable entramado alegórico) hay un pequeño pasaje que me encanta. Cuando a Orual, la protagonista, siendo niña todavía, el esclavo griego que está al cuidado de su educación le canta dos versos para que se duerma. En la novela no se dice que son de Safo, o de inspiración sáfica al menos. Digamos que C.S. Lewis los rehace a partir de un poema original de cuatro versos cortos, antiquísimo, escrito en dialecto lesbio, atribuído a Safo y transmitido por tradición indirecta. La crítica moderna llegó a postular que estos versos ni siquiera eran de Safo. Es tentadora la idea de un poema que no ha sido escrito por nadie y que está ahí desde siempre. Pero eso es lo de menos. Esa sensación la tenemos con todo poema que nos enamora. Por otra parte, las dos ediciones "canónicas" que en el siglo XX se hicieron de los poemas de Safo toman posturas opuestas ante el poema en cuestión. La de Lobel y Page de los años 50 lo descarta sin más miramientos. Pero la de Eva Maria Voigt, de 1968, le restituye su autoría a Safo. Bien por Voigt, pienso. Aunque el poema, siendo de Safo, merece seguir siendo de nadie. Y aquí van esos cuatro versos con mi traducción debajo:

δέδυκε μὲν ἀ σελάννα
καὶ Πληΐαδες· μέσαι δὲ
νύκτες, παρὰ δ' ἔρχετ' ὤρα,
ἔγω δὲ μόνα κατεύδω.

***

La luna se ha puesto.
Se han puesto las Pléyades.
Media la noche. Pasa la hora.
Y yo duermo sola.

(Trad. JMM)

jueves, 18 de junio de 2015

Verano??



Se presenta un verano curioso.  Traducciones de Polydouri & Karyotakis & La Odisea. Maquetaciones varias. Y me temo que algún poema vendrá a llamar de noche como un pariente pobre. Me pregunto, en modo Perales, a qué dedicaré el tiempo libre.  Pero esa es la isla desierta donde ahora quiero estrellarme.

martes, 16 de junio de 2015

Epitafio a mi gata Touti (Seferis)

EPITAFIO A MI GATA TOUTI, QUE NOS DEJÓ EL PASADO OTOÑO

Tenía el color del ébano, los ojos de Salomé,
Touti, la gata que he perdido. Caminante, no te pares.
Salió de la brecha que cortaba en la sábana del día;
ahora no puede rasgar la tela de la oscuridad.

(Yorgos Seferis. Trad.: Juan Manuel Macías)

***

Επιτύμβιο στη γάτα μου την Τούτη που μας άφησε χρόνους το περασμένο φθινόπωρο

Είχε το χρώμα του έβενου τα μάτια της Σαλώμης
η Τούτη η γάτα που έχασα· διαβάτη, μη σταθείς.
Βγήκε απ’ το χάσμα που έκοβε στης μέρας το σεντόνι
τώρα να σκίσει δεν μπορεί του ζόφου το πανί.

Siempre Juan Ramón

La fuerza y la tristeza hacen la melancolía;  la debilidad y la tristeza hacen la desesperación.

JRJ

lunes, 15 de junio de 2015

Safo en arcilla



Uno de los soportes más curiosos donde se encontró un fragmento de Safo es este pedazo de vasija, datado aproximadamente hacia el siglo segundo a. de C. Lo que queda del poema (fr. 2 L.-P.) está escrito sin separación de palabras, versos o estrofas. Habla de un manzano, de un recinto umbrío de rosas, de leves brisas de primavera, de prados donde pacían caballos que ya no existen. Y, como no, de Afrodita chipriota. El poema, probablemente, fue escrito al dictado. Para ese escriba anónimo, Safo era ya tan antigua y lejana como para nosotros lo es hoy el propio escriba.

***

Y aquí mi traducción de ese fragmento, recogida en mi libro Poesías (Safo) [DVD Ediciones, 2008]

Ven a mí desde Creta hasta este sacro
templo; donde, en tu honor, una arboleda
amable de manzanos; donde altares
perfumados de incienso;

agua fresca murmura aquí entre ramas
de manzano, y umbrío está de rosas
todo el recinto, y de la fronda trémula
un sopor se desprende;

y el prado que apacienta a los caballos
copioso está de flores primaverales; soplan
aires de olor a miel...

Aquí, pues, tú, chipriota, coronada,
en copas de oro, delicadamente,
escáncianos el néctar ya mezclado
cuando la alegre fiesta.

*

δεῦρύ μ ̓ ἐκ Kρήτας ἐπ[ὶ τόνδ]ε ναῦον
ἄγνον ὄππ[αι τοι] χάριεν μὲν ἄλσος
μαλί[αν], βῶμοι δὲ τεθυμιάμε-
νοι [λι]βανώτωι·

ἐν δ ̓ ὔδωρ ψῦχρον κελάδει δι ̓ ὔσδων
μαλίνων, βρόδοισι δὲ παῖς ὀ χῶρος
ἐσκιαστ ̓, αἰθυσσομένων δὲ φύλλων
κῶμα καταίρει·

ἐν δὲ λείμων ἰππόβοτος τέθαλε
ἠρίνοισιν ἄνθεσιν, αἴ δ ̓ ἄηται
μέλλιχα πνέοισιν...

ἔνθα δὴ σὺ στέμματ ̓ ἔλοισα Kύπρι
χρυσίαισιν ἐν κυλίκεσσιν ἄμβρως
ὀμμεμείχμενον θαλίαισι νέκταρ
οἰσοχόαισον.

domingo, 14 de junio de 2015

Homenaje a Matrix (o una variación del pesimismo)

Era una ilusión. Creíamos que estábamos en el futuro, pero seguíamos viviendo en la España de los 40, donde sigue habiendo serenos, oficinas siniestras, el mundo es gris y frío, y hace hambre. Internet, los televisores de plasma, Ferran Adriá... Todo era una construcción mental y colectiva. Ah, y esos asombrosos smartphones sobre los que pasábamos nuestros dedos anhelantes no eran otra cosa que la enésima edición del Calendario Zaragozano.

Primavera (María Polydouri)

Y aquí estalló la primavera, en cada rama
de árbol. Y florecieron los parques.
Mas sus alegres ceremonias sólo me dicen
lo lejos que de ti me encuentro, Atenas.

Viene sin que la inviten, furtiva en el deslumbrar del sol,
una tenue lluvia, que nadie espera,
y siento, mientras me enciende tu nostalgia,
como si únicamente cayera para mí.

(París, primavera de 1927)

(De "Los trinos que se extinguen", Vaso Roto 2013, Traducción: Juan Manuel Macías)

sábado, 13 de junio de 2015

Homero y la noche

Para los héroes homéricos, que suelen trabajar en turno de día, la noche es siempre un secreto, el país destinado al sueño. Siempre me pareció muy bello este verso que en la Odisea se repite como un ensalmo: δύσετό τ’ ἠέλιος σκιόωντό τε πᾶσαι ἀγυιαί: "y el sol se puso y las sombras cubrieron todos los caminos".

lunes, 8 de junio de 2015

Safo fr. 16



Dejo aquí mi traducción del fragmento 16 de Safo, que es de mis preferidos. Pertenece a mi edición de las poesías de la gran poeta de Lesbos que se publicaron, allá por el 2008, en la añorada DVD Ediciones. Un libro, por cierto, ya casi inencontrable. Este poema es una verdad definitiva (probablemente, fue Safo la primera poeta del mundo en decirla, y en ponernos a todos en nuestro lugar); tiene unos versos de los que me enamoré nada más leerlos; y por esos versos pasa el nombre de Anactoria, que es luz y es lejanía, siempre sobre la negra tierra.

***

[Safo, fr. 16 L.-P.]

Una tropa a caballo, dicen éstos; de infantes,
dicen ésos; y aquéllos, que una flota de naves
sobre la negra tierra es lo más bello; pero
yo digo que es lo que uno ama.

Y es muy fácil hacer que cualquiera lo entienda,
pues aquélla que mucho aventajaba
en hermosura a todos los humanos, Helena,
a su esposo, varón ilustre,

lo abandonó y se fue navegando hacia Troya,
y en absoluto se acordó de su hija
ni de sus padres, pues la conducía
enamorada la Chipriota.

... a mi ausente Anactoria
me ha hecho recordar ahora.

Quisiera ver su andar, que mueve hacia el deseo,
y el luciente destello de su rostro,
antes que ver los carros guerreros de los lidios
y a sus infantes bien armados.


(De Poesías, Safo, DVD Ediciones 2007. Traducción de Juan Manuel Macías)

*

[Safo, Fr. 16]

ο]ἰ μὲν ἰππήων στρότον οἰ δὲ πέσδων
οἰ δὲ νάων φαῖς’ἐπ[ὶ] γᾶν μέλαι[ν]αν
ἔ]μμεναι κάλλιστον, ἔγω δὲ κῆν’ὄτ-
τω τις ἔραται·

πά]γχυ δ’εὔμαρες σύνετον πόησθαι
π]άντι τ[ο]ῦτ’, ἀ γὰρ πόλυ περσκέθοισα
κάλλος [ἀνθ]ρώπων Ἐλένα [τὸ]ν ἄνδρα
τὸν [πανάρ]ιστον

καλ[ίποι]σ’ ἔβα ’ς Tροΐαν πλέοι[σα
κωὐδ[ὲ πα]ῖδος οὐδὲ φίλων το[κ]ήων
πά[μπαν] ἐμνάσθη, ἀλλὰ παράγαγ’αὔταν
Kύπρις ἔραι]σαν

... με νῦν Ἀνακτορίας ὀνέμναι-
σ’οὐ παρεοίσας,

τᾶ]ς κε βολλοίμαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυχμα λάμπρον ἴδην προσώπω
ἤ τὰ Λύδων ἄρματα καὶ πανόπλοις
πεσδομ]άχεντας.


sábado, 6 de junio de 2015

Las impropias traducciones

(Una primera versión de este texto salió publicado en un número de Quimera, y finalmente fue recogido en Sucede en la voz de otros)


***

Para Vicente Fernández González

Pocas cosas tan ajenas al arte como el concepto de traducción, si lo entendemos en un sentido estricto, es decir, el de interpretar un código determinado en beneficio de aquellos espectadores que no pueden o no saben acceder a dicho código de manera directa. Hemos acabado aprendiendo, con algunas zozobras, que ante la obra de arte cualquier mediador supone una alarma innecesaria, pues en un paisaje así no debe haber (ni cabe) otro monstruo que nosotros mismos, los que tenemos el destino de ser de una sola vez el Minotauro, Teseo y el laberinto. Podemos, sí, sopesar los hitos que otros han dejado antes, pero la responsabilidad de la aventura es enteramente nuestra, fatalmente nuestra. Nadie debe escuchar el concierto por nosotros; nada puede ser el concierto sino el concierto mismo, y no conviene perder el tiempo con aquellos que «van mil gracias refiriendo».

 Y, sin embargo, aún seguimos aceptando con naturalidad la superstición que llamamos «traducir poesía», tal vez porque la materia prima de la poesía es la herramienta que el hombre usa para comunicar y comunicarse. La poesía aparenta esa vieja tara, que la música no conoce, ante el hombre atormentado por la lógica. El lenguaje verbal del hombre acabó generando en su inventor y usuario una ancestral pesadilla de dualidades: forma y fondo, significante y significado. Pero los primitivos poetas vivirían ajenos a estos cismas. Pensarían, saludablemente provincianos, y con razón, que el poema sólo podía existir en su propia lengua, su cuerpo, su única arcilla; en el idioma y únicamente en el idioma que limitaría en todas partes con lo bárbaro, con lo que es silencio unas veces y otras tantas ruido. En la voz. Pero hay a quien le empezó a desvelar un hecho bastante trivial: que los poemas, además de ser poemas, también decían cosas, a la manera de los locos, dejando en su parloteo un sedimento que con el tiempo acabó denominándose «cultura». Desde allí, naturalmente, no fue difícil alcanzar esa idea tan enferma de que la poesía puede y debe traducirse de idioma en idioma. Demandando la poesía traducida, exigiéndola incluso, encontramos a un personaje casi más provinciano que el poeta: el hombre culto.

Como un turista mal educado en un parque temático, así se mueve el hombre culto por Dante, Shakespeare y Homero, con todo pagado y sin correr riesgos. El hombre culto que lee un poema traducido, y que en ocasiones hasta lo cita en Facebook, por supuesto sin dar crédito alguno de su traductor, parece olvidar muchas veces que lo que está leyendo es, en el fondo, el poema del traductor y no el «original». Por hilar más fino, diríamos que está leyendo la lectura (nunca transparente) que el traductor ha hecho del poema extranjero. Incluso sería bueno volver a recordar que la traducción de poesía es una quimera, a pesar del empeño que alguna vez podamos haber puesto los que traducimos poesía en darle un estatus diferenciado a una actividad que no deja de ser —me temo— otra forma más de escribir poesía. Ni siquiera existe lo que se llama, en el paraíso de los filólogos, la «traducción literal», pues toda traducción de un poema, ya por serlo, está destinada a juzgarse, bien o mal, como poema en la lengua de llegada, antes que a erigirse en una mera pantomima de intérprete frente al poema de partida. Al filólogo, como a cualquier otro lector, le pesa demasiado el cuerpo y la garganta como para pasar desapercibido.

Y, aun así, ambiguos de nosotros, seguiremos hablando de traducción. Y tal vez se nos censure por haber acabado usando el término de una manera tan licenciosa. Eso es tan cierto como que nos sigue divirtiendo usarlo tal cual, en toda su impropiedad, sin mayor afán de ser precisos. Creo que hablar de traducir poesía negando la existencia de la traducción de poesía es a lo más sensato que podemos aspirar.

Al cabo, esa impropiedad forma parte del corazón mismo del lenguaje humano y, por extensión, también de la poesía. La palabra es incapaz de poseer, domeñar, entender aquello que nombra. La voz surge antes que el logos como un eco perplejo frente a la realidad muda, intraducible; y la palabra, mientras se sostiene en la voz, es tan real como la realidad. Tan precaria, tan igualmente intraducible. Acaso sea real porque lleva un germen de error, una variación frente al prototipo, un factor que sería la perspectiva del yo que ama y nombra. Podríamos pensar, así pues, en una nueva traducción de la Odisea, tan legítima como las precedentes: una traducción donde Ulises, por un error del traductor, nunca regresara a su casa: sería la broma definitiva para el hombre culto.

Juan Manuel Macías
(De Sucede en la voz de  otros, Isla de Siltolá, 2015)

viernes, 5 de junio de 2015

El canon

Decía Chesterton que el último de los hombres haría bien en recordar y citar a Homero. Pero quien recuerda y dice un poema, ¿no es un poco como el último de los hombres?

(El resto: mausoleos, estatuas, libros de texto y parloteo académico)

miércoles, 3 de junio de 2015

Como si fuera una lengua extranjera...

Hace tiempo traduje así este poema de Katerina Anghelaki-Rooke.


Aquí estudias el silencio
como si fuera una lengua extranjera.
Y si practicas bien
sabrás distinguir el dialecto
del día frente al marcado acento
de la noche.
Te aprendes los pájaros de memoria
y también la luz que trastoca
el sentido de la nada.
No podrás nunca expresarte
con naturalidad en esta lengua.
Pero te sorprenderá siempre su verdad.
Lees los árboles, las montañas en el original
Preguntas: "¿qué tengo yo que decir en esta lengua?"
El animal herido en lo más profundo de ti no contesta.
Guarda silencio.

Katerina Anghelaki-Rooke, de EN LYPIOU DE NUEVO

(Traducción: Juan Manuel Macías)

***

Εδώ σπουδάζεις τη σιωπή
σα να ’ταν ξένη γλώσσα
κι αν έχεις ασκηθεί αρκετά
ξέρεις να ξεχωρίζεις τη διάλεκτο
της μέρας απ’ τη βαριά προφορά
της νύχτας.
Τα πουλιά τα μαθαίνεις απ’ έξω    
όπως και το φως που αλλοιώνει
τη σημασία του τίποτα.
Δεν θα μπορέσεις ποτέ αυθόρμητα
να εκφραστείς σ’ αυτή τη γλώσσα
όμως θα σ’ αιφνιδιάζει πάντα η αλήθεια της.
Διαβάζεις τα δέντρα, τα βουνά στο πρωτότυπο.
Λες: Τι έχω εγώ να πω σ’ αυτή τη γλώσσα;
Το πληγωμένο ζώο μέσα σου βαθιά δεν απαντά.
Σωπαίνει.


Κατερίνα Αγγελάκη-Ρουκ (ΣΤΗ ΛΥΠΙΟΥ ΚΑΙ ΠΑΛΙ)

lunes, 1 de junio de 2015

PALACIO / SUEÑO / TIEMPO


"porque edificas tu casa
con todo lo que de mí mismo ignoro"

Juan Larrea (trad. Carlos Barral)


Un palacio vacío es igual que una liturgia triste.
Es una rara música
cuando se deshila en mil pasillos
y hay un afán desmedido por ahondarse y ahondarse,
por profanar las cámaras
hasta lo más recóndito del sueño.

Un palacio
deshabitado
donde las horas van dejando el frío de su ansiedad.

En los livianos cortinajes
el tiempo mece al tiempo.
Septiembre es un orfebre delicado
y amontona las tardes en su espalda
con un lejano tráfago de oro,
con el tibio remanso de antiguos rezos.

Hay un humor de vino exquisito en la madera
cuando se abren las puertas una detrás de otra
y cruje la soledad, y se comba la soledad, la rancia soledad, con sus vetustos goznes
y todo se hace un lento arpegio pensativo,
pasillo tras pasillo, cámara tras cámara,
el esquema de un vals que dibuja la ausencia,
la celosa matemática de un cabello trenzado,
el rodaje implacable de la noche.

Un palacio
sin vida
para buscar y buscar, puerta tras puerta,
el color que perdemos en el final del sueño,
el aire que nos falta en los amaneceres,
el más preciado ámbar, la lágrima perfecta, la definitiva
lágrima
que guarda el mundo
cuando ya el mundo se parece a un límite.