jueves, 31 de diciembre de 2009

La última del año

SONETO MÍO

Anhelante arquitecto de colmena,
voy labrando celdilla tras celdilla

y las voy amueblando de amarilla

miel y de cera virgen y morena.


Miel, flor de flores, que unge y envenena
de alada dulcedumbre nuestra arcilla
y cera, que es espíritu, que brilla
y en figura de fuego se enajena.

Abejas, abrasad la fortaleza.
Lenguas de oro exalten su corteza
y transverberen su volumen puro.

Vive, soneto mío, altiva llama:
canta para el que sueña y el que ama,
sin consumirte ardiendo hacia el futuro.

(Gerardo Diego)

***

Con mis mejores deseos para todos en el año entrante.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad (la conexión china)

No esperen que les felicite ningún solsticio. Se empieza felicitando el solsticio y se acaba uno comprando discos de Kítaro, o barritas de incienso en las tiendas de chinos, o prohibiendo a sus semejantes que fumen en los bares. En dos palabras, nos volvemos esquemáticos y horteras. Desde que el mundo es mundo, nadie ha celebrado los solsticios, pero sí las victorias y las hazañas de los dioses y los hombres, como quería aquel gran gentleman llamado Horacio. Reducir todo eso a una serie de rutinas astronómicas es querer privarnos de nuestra agradable propensión al mito. Nadie ha felicitado nunca los solsticios, que es como desear una feliz órbita terrestre, un magnífico perihelio, un estupendo cuarto menguante de la luna o una próspera aproximación de Marte a nuestro planeta. Esos fenómenos no son ni felices ni desgraciados. Sencillamente suceden, como dos y dos son cuatro y las Pléyades se hunden en la copla de Safo. Nadie dilapida la paga extra del solsticio, ni fracasa, un año más, en la lotería del solsticio. En cambio,los chinos, que pretenden dominar el mundo con sus tiendas de todo a un euro, lo llenan todo de lucecitas de colores, de figuritas de belén, y nos desean, sonrientes y celosos de su milenaria caja registradora, una feliz Navidad. La mayoría manda, mis estimados. Los chinos son más. Hagamos como los chinos, a quienes el solsticio les importa un carajo.

Feliz Navidad.

(Y no se olviden de migrar a Linux en el 2010)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Apunte

Empecé a escribir poesía en los últimos años de la carrera. Yo estaba enamorado y sufría muchísimo, por lo cual consideré de repente un tremendo acto de justicia conmigo mismo y con el mundo componer sonetos, una experiencia nueva para mí. Desde entonces, ya pasado el apuro, y no sé por qué rara fatalidad, he sido incapaz de abandonar el poema (soneto o no soneto) que se va escribiendo de vez en cuando, incluso con severas interrupciones, como aquellos dos años de feliz nada: ese lugar que algunos llaman "silencio", aunque no recuerde haber estado callado en ningún momento. Después de muchas escaramuzas de huida a lo Rimbaud, pero con trampa o traca final, supongo que soy técnicamente lo que se dice un poeta. Incómodo adjetivo que me llena de dudas y zozobras. Veamos. ¿Ser poeta es un oficio? ¿Es un estado alterado de conciencia? Y alguien que se halle en tal estado, ¿toma la sopa, escucha música, fornica o insulta de distinta forma, más sublime, que el resto de sus semejantes? Con el tiempo uno ha aprendido a juntar y apacentar un humilde rebaño de certezas más o menos descarriadas. Es decir, que sé (o creo saber) algunas cosas, no demasiado importantes, pero que me ayudan a sumar más de una noche sin insomnio. Sé que entre poema y poema el llamado poeta se diluye y se dispersa en mundo e ignorancia. Sé que no hay mortificación más ridícula e inútil que esperar que cualquier cosa que uno vive, lee, piensa o sueña tarde o temprano tenga la obligación de ser un poema. Sé que no hay puerta cerrada ni camino prohibido para entrar en él por mera ilusión y capricho, asumida la elección, se pongan como se pongan los puritanos de cualquier bando. ¿Experimentar? Pues sí, caballeros: experimentemos. Porque siempre buscaremos la infantil novedad; y si llegara un tiempo en que todo nos parezca igual a lo anterior, cuando los días se copien y se plagien uno tras otro, estaremos entonces acabados. Buscaremos la poesía siempre mudable y siempre una, poesía sin prefijos ni sufijos. Y sé también que, aun tras mucho buscar, siempre llegaré tarde a mis poemas, y que no tengo ni remota idea de lo que quieren decir. Es más, sospecho que un poema, si quisiera decir algo, si se erigiera en algún artefacto de comunicación, habría fracasado.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Otro poema de José Vicente Sala

En mi anterior arrasada bitácora se me había perdido este hermoso poema de mi amigo José Vicente Sala, perteneciente a su primerizo libro Diario de retorno. La música de fondo es de los suecos Garmarna, con la inquietante voz de Emma Härdelin.

***

SEGUNDO OLEAJE

Mucho tiempo después
llegaron hordas nuevas,
desnudos, transparentes en su dicha.
Y comían el polvo
como un manjar divino.

Llevaban en sus manos
los sabores de Europa
y callaban sabiendo
el porqué de la lluvia.

Será que el desarraigo no conjuga esos verbos
que, desde el paladar,
dominan nuestras ingles,
territorio de sal para las bocas tibias.

Será que sí es dolor
lo que se nombra apenas.

Y en poblados ajenos
treparon por los muros,
asaltaron las casas,
gozaron con doncellas
de cinturas ausentes
y escribieron con sangre:
la esperanza se pudre ya de lejos

(Diario de retorno)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Aún quedan en el mundo aventureros (orgullo de primo)


En primer plano, el teniente coronel José Chaín, primo de un servidor, en la cima de la Pirámide de Carstensz, tras culminar el proyecto Siete Cimas y pasearse por todos los techos del mundo. ¡Homérico!

(foto: Ministerio de Defensa).

Aquí, con algo de retraso, la noticia en La voz de Galicia:

http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2009/10/31/0003_8074862.htm

lunes, 16 de noviembre de 2009

Nuevo laberinto y nuevos monstruos en DVDEdiciones.com


Tras el gran Eduardo Moga, ahora les toca ocupar su laberinto a 13 poetas de barcelona que escriben en castellano, monstruos donde los haya:

Álex Chico
Andrés González Castro

Andreu Navarra

Christian Tubau
Irene Jové
Iván Humanes Bespín
Jahel Virallonga
Joan de la Vega
Jordi Corominas i Julian
Juan Salido-Vico
Rafael Mammos

Rubén Sáez
Ventura Camacho


Aquí, la presentación de la antología que hace nuestro querido Ludovico Morales, cuya verdadera identidad no revelaremos. Los servicios secretos de varios estados, dos principados y un casino siguen su rastro.

Aquí, el laberinto propiamente dicho, donde poder encontrarse con los poetas arriba mencionados, pasando el cursor por sus intrincadas calles.

Enhorabuena a los monstruos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Juan Andrés García Román y El fósforo astillado, nueva firma invitada en DVD Ediciones.com

Incluye una pequeña entrevista (o charla) de un servidor con Juan Andrés y un artículo de David Leo García sobre la recepción crítica de este libro fundamental. No se lo pierdan:

http://dvdediciones.com/firmas_garciaroman.html

Me quedo, entre tanto con esta frase que nos deja el autor en su entrevista:

"la poesía se hace con lenguaje y el lenguaje es tiempo y es historia. Y este país se llama España. Aunque a veces nos pese. "

jueves, 29 de octubre de 2009

Alceo en Las razones del aviador

Las razones del aviador, la nueva revista digital de literatura que dirigen Jordi Doce y José María Castrillón llega a su tercera entrega. Tras haber comenzado con un excelente artículo sobre Seferis de J. M. Castrillón, y seguir con cuatro poemas inéditos de José Luis Gómez Toré, pueden encontrar ahora una selección de fragmentos del poeta Alceo traducidos por mí, con una pequeña nota introductoria:

http://lasrazonesdelaviador.blogspot.com/2009/10/alceo-de-mitilene-poemas.html

Mil gracias a Jordi y a José María por acogernos en su aeroplano. Ha sido un gran placer colaborar en este vuelo.

jueves, 22 de octubre de 2009

La noche de Sietepicos

La noche de Sietepicos
se multiplica en cristales.
Esbelta noche esculpida
con su vigilia de alfanjes
en ángeles de granito
soñando en transparentarse.

Lento caudal de silencio
bajo los lentos umbrales.
Sietepicos en el cielo,
y el corazón en las calles
solitarias, donde rielan
estrellas de fino talle.
Silencio afinado y limpio,
relente de otras edades;
afianzada osamenta
de algo antiguo, innombrable.

La noche de Sietepicos
son siete aristas cabales.
No hay mudanza en su vigilia
ni cesa aquí el oleaje.
Porfiadas por subir
a mi centro, y desbordarse,
las olas del corazón
quieren volar a esos márgenes,
quieren darse a las razones
de aquellas piedras que arden.

(La noche de Sietepicos
son siete anhelos del aire.)

Si pudiese el corazón
de sus foscos muladares
volar a esas viejas piedras,
y en sus perfiles quebrarse.
Si pudiese en sus perfiles
quebrar este torpe lance
de máscaras de artificio
y acometidas de nadie.

(De Cantigas y cárceles)

jueves, 15 de octubre de 2009

La gana

Un poeta de entonces —de ayer— no sabía realizar estrofas perfectas, por la misma razón que un músico no resolvía una sonata ni un pintor la arquitectura de un cuadro. Unos años más y nos arrastrará el magnífico huracán de los ismos de avance. Preocupa la materia, la novedad del contenido. Imposible lograr a la vez la armonía del continente. Renace la calma, y decimos: hay que crear. O lo que es lo mismo: hay que poseer, domeñar, tener conciencia... Tres caminos se ofrecen. para cada obra, su forma única, plena. El verso libre... o sea la estrofa libre. La estrofa vieja. O inventar nuevas estrofas. ¿Retórica? Evidente: retórica. Pero todo es retórica, y el huir de ella una manera de retórica negativa, mil veces más peligrosa. No. No debemos huir de nada... Hacemos décimas, hacemos sonetos, hacemos liras porque nos da la gana... La gana es sagrada. Y es lógica, por la misma razón que los pintores se obstinan hoy en dibujar bien y los músicos en aprender contrapunto y fuga. Pero hay una diferencia con nuestros razonables abuelos del XVIII. Para ellos, la estrofa, la sonata o la cuadrícula eran una obligación. Para nosotros no. Hemos ya aprendido a ser libres. Sabemos que esto es un equilibrio, y nada más. Y es seguro que sentiremos muchas veces la bella y libre gana de volar fuera de la jaula, bien calculado el peso, el motor y la esencia, para no perdernos como una nube a la deriva. Estrofa, siempre estrofa, arriba o abajo, esclava o sin nombre.

Gerardo Diego

viernes, 9 de octubre de 2009

Más novedades de otoño en DVD Ediciones

La lengua ciega, nuevo poemario de Juan Antonio González Fuentes.



Las elegías, de Friedrich Hölderlin, en espléndida traducción y edición de Juan Andrés García Román.

martes, 22 de septiembre de 2009

...Y mata la verbena

Rescato un textito que colgué en la página de DVD hará más o menos un año. Pertenece al ciclo de lecturas de verano que ensayamos conjuntamente Sergio Gaspar y un servidor. Feliz otoño, como quien dice.

***

VERBENA Y DESPEDIDA

En Cercedilla se realiza el ejercicio del fin del mundo todos los años por primeros de septiembre. Y el mundo termina como ha de terminar, no gracias a un acelerador de partículas europeo y aburrido, sino con una verbena y una traca. La verbena es la culminación de los entes, y aquí sabemos bien que, si el universo tiene un sentido, es para converger con su procesión de estrellas, planetas y galaxias en esa plaza imposible de un pueblo donde todos se emborrachan, bailan al son de la canción del verano y se absuelven mutuamente sus pecados.

El fin del mundo tiene que ser algo comunal y divertido. El de este año estuvo muy logrado, qué pena que ustedes no vinieran.

Por allí estaba la emperatriz Teodora de Bizancio, con tacones de aguja, minifalda y sus cerca de 1400 años muy bien llevados. La vi bailar con muchos hombres que no eran yo. Y con algunas mujeres que tampoco eran yo. Me distraía a ratos de la contemplación Eduardo Punset, contándome ciertas teorías acerca del origen del universo. Punset hablaba siempre en inglés, pero su propia voz sonaba por los altavoces de la orquesta doblándole al castellano. Recuerdo que le hice un breve comentario, maravillado del hecho, al padre Brown.

En una esquina charlaba amigablemente el Marqués de Sade con su conciencia, y Catulo iba de un lado a otro con una copa de whisky nacional y coca-cola en la mano, sonriendo a todo el mundo desde ese aire tan suyo de estar en el sitio equivocado (es decir, donde no está Lesbia) y sin embargo no importarle nada y tomárselo con naturalidad. Un buen tipo, Catulo. Es el auténtico latin lover. Su americana irrepetible llevaba colgando el precio de la tienda, pero no le dije nada.

Góngora había montado un puestecillo para vender metáforas, justo al lado de un turco que hacía kebabs. Le invité a un kebab a Garcilaso, que venía de una lectura de verano de Sergio Gaspar. Venía con los ojos encendidos y los belfos apretados, y no hacía más que preguntarme si había visto a la emperatriz Teodora de Bizancio, porque tenía una cita con ella. No había empezado a enumerarle las virtudes de la espera y todos los que estaban antes que él, cuando la princesa de Rubén me tiró del brazo con cara de pocos amigos, arrastrándome al baile. Y bailé con ella una lenta y agarrada, pero sin querer se me disolvió en la camisa, dejándome una mancha de batido de fresa. Una mancha muy triste. Y por eso volví a mirar a la emperatriz Teodora de Bizancio, que atornillaba su lengua con la de Anactoria. Pensé en contárselo a Safo, pero ¿para qué? Nunca me coge el teléfono.

Bebí demasiado aquel fin del mundo, ni siquiera escuché la traca, y amanecí sentado en la terraza despoblada de un bar, otra vez con Eduardo Punset. Seguía hablándome del origen del universo, lo seguía haciendo en inglés, pero esta vez escuchaba su voz que le doblaba al castellano dentro de mi cabeza. Todos se habían ido ya, y la emperatriz Teodora de Bizancio bailaba sola frente al escenario vacío de la orquesta, con sus pechos desnudos desacompasados, y sus pezones tenían un curioso tono ocre hoja de otoño o libro viejo.

La mujer dormida seguía dormida. Y desde lejos, Gerardo Diego, encaramado en el ciprés de Silos, le arrojaba estos versos:

Tus ojos oxigenan los rizos de la lluvia
y cuando el sol se pone en tus mejillas
tus cabellos no mojan ni la tarde es ya rubia
Amor............................Apaga la luna
No bebas tus palabras
ni viertas en mi vaso tus ojeras amargas
La mañana de verte se ha puesto morena
Enciende el sol..........................Amor
y mata la verbena

sábado, 19 de septiembre de 2009

viernes, 18 de septiembre de 2009

Más ligaduras

A finales del XVIII la Universidad de Oxford encargó al gran tipógrafo John Baskerville el diseño y fundición de unos tipos griegos para una edición escolar del Nuevo Testamento. Hace unos años, Sophia Kalaitzidou hizo un estupendo trabajo de recreación digital de esa fuente para la Greek Font Society. La tecnología open type permite reproducir fielmente el gran número de ligaduras ideadas por Baskerville. Aquí les muestro un par de ejemplos de mi "work in progress" con el profesor Felipe Hernández Muñoz. En este caso es el comienzo de la edición crítica de un opúsculo del rétor Alejandro (s. II d. C.), fruto de sus clases de crítica textual en la Universidad Complutense de Madrid. Ambos ejemplos están compuestos en XeTeX, uno de los últimos avances en el sistema TeX. El segundo ejemplo, con todas las ligaduras open type activadas (un click en las imágenes para ampliar). Una muestra más de la potencia de TeX, a años luz de los sistemas de maquetación tradicionales. Espero que les guste.

sábado, 15 de agosto de 2009

lunes, 27 de julio de 2009

Estancia, de Sergio Gaspar


En una fugaz incursión en la página web de DVD Ediciones, Roman Jakobson Junior se permitía la enésima apostilla de la legendaria pregunta becqueriana al sentenciar que «poesía es todo lo que se publica en una editorial de poesía». Mi amigo el poeta Juan Vico escribía tiempo atras en su poética para Las afinidades electivas, con su habitual lucidez, que «poema es todo texto que merece ser leído como poema». Felizmente, los géneros están bien muertos y enterrados, por mucho que se afanen los escritores de manuales de literatura. Y la poesía, dejando atrás el mito de la creación que reposa en su étimo, lo es en la medida en que se establece un diálogo entre el poema y el lector. Una construcción común entre ambos.

La historia, breve, de mis diálogos con la poesía de Sergio Gaspar se inaugura con sus poemas incluidos en Campo abierto (DVD), esa antología del poema en prosa en España que ya es por derecho propio un canon imprescindible en la literatura española. Más tarde, tuve oportunidad de escucharle leer, mano a mano frente a Mestre, en una pequeña velada del Hotel Kafka de Madrid. Allí pronunció Sergio Gaspar una frase que desde entonces me tiene entusiasmado y confuso a partes iguales. Copio de memoria. «La poesía es una parte de la lingüística general». A día de hoy, creo que esta afirmación puede vertebrar no sólo la poética de Sergio, sino la de todo gran poeta. El personaje del poeta, invención de Platón para culparle de una batería de preocupantes desórdenes, tal vez se ejemplifique en la figura mitológica de un filólogo dislocado.

Es en esta parte de la historia cuando DVD Ediciones publica Estancia, un magnífico poemario, singular y extraño, arriesgado y valiente. Una noticia feliz por muchas razones, sobre todo por lo que tiene de espuela para la salmodia habitual de la poesía de aquí, y porque supone el primer libro de Sergio que (al menos para mí) deja de ser secreto.

Cuatro partes, aparentemente estancas, estructuran el volumen. A saber. Estancia, un ciclo de poemas escritos en torno a la muerte de su madre; Un día con Stevens, trece poemas (más uno) que narran la violación y asesinato de un niño en el bosque lírico de Wallace Stevens; Enunciado, cuya prosa narrativa explora los misteriosos territorios de la pornografía; y, por último, el prólogo intitulado, como no podía ser menos, En el lugar equivocado. Aparentemente estancas, sí, pero con evidentes vasos comunicantes que van dotando a la lectura del libro, en orden o desorden, de una rara trabazón. El lector, pues, se deja caminar sonámbulo, como por el bosque-conciencia del mirlo, entre la narración templada y quirúrjica y un ámbito cerrado de símbolos y abstracciones. Entre la llana prosa y el verso libre (a veces epigramático) cuya cadencia no rehuye ciertos leves trazos de dicción clásica, alejandrina y endecasílaba, como en el gran poema Algunos metros de infinito, probablemente el mejor de su serie.

Así, la «doble muerte» de la madre (la real, la cosa en sí, indescifrable; la otra, la pensada, a veces descrita y narrada, y convertida en materia lingüística, en logos); los trece escorzos simbólicos del suceso en el bosque y esa coda final, la número catorce, con un tono que recuerda a los compases finales que el gran Jerry Goldsmith escribiera para Alien; y el inesperado quiebro del enunciado que navega y deshace esa ficción suprema llamada pornografía; y el prólogo equivocado. Todo ello conformarían lo que podríamos llamar un cancionero de la identidad.

intentar no aburrirnos con las cosas. Nuestra
tarea es levantar un hogar que se derrumba
--lo llamaremos identidad-- con fragmentos
de recuerdos no necesriamente vividos.


(Estancia V)

Ferdinand de Saussure, el poeta que tal vez inventaran unos estudiantes suizos a principios del pasado siglo, se complacía en dar caza a una serie de célebres dicotomías. Significante y significado, por ejemplo. Quizás una suerte de mitología dual para aplacar el vértigo ante la incógnita del lenguaje que acarreamos por mera herencia. Pensamiento y narración están presentes en Estancia al igual que en la Odisea, pero a diferencia de la novelería de consumo, el argumento viene después, transfigurado. O no termina de venir nunca.

Nuestra tarea es recordar algunos rostros,
ciertas fechas de nacimientos y de muertes,
el camino para volver a casa, y el partido
al que votamos, y el nombre de nuestro perro.

No parece gran cosa --y no lo es, en efecto--,
hasta que llega la hora
en que alguien que te enseñó tu nombre lo olvida.


(Estancia V)

La poesía es memoria, el arte de recordar los nombres adecuados. Después, el logos se convertirá en voz, la lengua en habla. Y, por obra de este secreto tránsito, no será ya preciso un diccionario que nos recuerde que la palabra estancia tiene un significado doble en castellano: el lugar y el acto.

viernes, 10 de julio de 2009

Ligaduras



Al poco de emprender esta bitácora en su versión primera, hará ya dos años, me quejaba del desprecio que muestran casi todos los maquetadores por mi querida ligadura fi. Un síntoma más entre tantos de la casi nula atención que se presta hoy a la microtipografía, o la tipografía de los pequeños detalles. Pero es que este caso, en concreto, me crispa los nervios, porque la ligadura fi, ante todo, es de obligado uso si no queremos ver a las pobres efes de arco pronunciado lucir una imprevista nariz de payaso que interrumpe la lectura entre accesos de bilis. El ejemplo aducido arriba está en una (omnipresente) Times New Roman. Ver cosas como ésta en un libro, y además si el libro es malo, conduce a añorar con pasión el potro de tortura.


Levantada acta, una vez más, del desconsuelo, sí quería hacer aquí un breve apunte sobre ese intrigante mundo de las ligaduras de corte más decorativo, una extravagancia tipográfica casi tan vieja como la imprenta y que ha resucitado por enésima vez con la tecnología, apasionante, de las fuentes de formato open type, ciertamente beneficiarias de la famosa distinción de Unicode entre caracteres y glifos. Los primeros vendrían a ser como el arquetipo, la idea platónica de la letra. Los segundos, su posible (y múltiple) realización concreta en el papel. En las fuentes open type, los glifos pueden cambiar según el entorno, y esto es el paraíso de las ligaduras decorativas. Véase un ejemplo con la hermosa fuente caligráfica Ex Ponto Pro, diseñada por Jovica Veljović, en el estupendo gestor de fuentes Fontmatrix, una excusa más para pasarse a linux (click para ampliar la imagen y activar la animación).


La fuente Palatino Lynotipe, última entrega de la Palatino del gran Hermann Zapf, está dotada de unas cuantas ligaduras que fueron muy habituales en el mundo anglosajón. Fíjense en los dígrafos del ejemplo siguiente, más que en el discutible y apresurado sintagma:

Pero donde las ligaduras lucen con todo su adorable delirio es, sin duda, en los primeros tipos griegos que se fundieron para las imprentas, inspirados en la cursiva bizantina de los manuscritos. Y entre ellos, cómo dejar de citar a los Grecs du roi, la obra maestra de Claude Garamond entregada a la imprenta real francesa en el siglo XVI para las ediciones críticas de Robert Estienne.

(http://www.garamonpatrimoine.org)

De los Grecs du roi hay una notable versión digital de los años 90 a cargo del lituano Mindaugas Strockis. Hermosa aproximación, pero lastrada por la vieja barrera pre-Unicode que limitaba el número de los glifos en las fuentes. ¿Quién puede ponerle vallas al campo o barreras a los desmesurados griegos del rey? Aún así, las ligaduras se intentan emular con diversa fortuna, mediante una generosa asignación de kerning o ajuste de espaciado entre pares de letras. Un ejemplo de un servidor, con errata (falta la mu de "Mousa"):

Ya ven. Llega el verano, y ante la preocupante carestía de musas de diverso pelaje uno se consuela jugando con sus fuentes y hablando de ligaduras, un asunto que daría para muchas cervezas, aun a riesgo de repetirse demasiado. Es muy grato comprobar cómo hasta la tipografía, que es mesura, orden, proporción y matemática, encuentra sus particulares contradicciones cuando quiere regresar a la mano del escriba. Por contra, el plomo del fundidor ha de individualizar cada letra y colocarla en línea una junto a otra, a la manera de los edificios de la república perfecta. Pero la mano del escriba, como tantas cosas mundanas, como la poesía, está hecha de tiempo. Por eso es incomprensible.


viernes, 3 de julio de 2009

Ayvelar 17





Ya está en la calle el esperado número 17 de la revista de poesía y literatura Ayvelar, dirigida por el poeta Julián Cañizares Mata. Incluye una colaboración mía, un poema inédito titulado El final del Partenio, que escribí a modo de conclusión, segunda parte o secuela de mi Partenio, que tal vez alguno de mis lectores ya conozcan. Al margen de este pequeño dato autopublicitario, la revista viene extremadamente suculenta. Podrán encontrar poemas y textos (la mayoría inéditos) de autores como Vicente Luis Mora, Sergio Gaspar, Jesús Jiménez Domínguez, Joan Margarit, Juan Andrés García Román, Julieta Valero, Vanesa Pérez-Sauquillo, Agustín Fernández Mallo, Marcos Canteli, Andrés Neuman y muchos más, garantizando una más que atractiva diversidad. Las espléndidas ilustraciones son de Alicia Gómez Molina. Reproduzco la portada (a cargo de Vidal Palazón) y el índice de este número (ya saben, un click para ampliar).

Tras 17 números, Ayvelar ha encontrado un lugar merecidísimo en el cada vez más heroico mundo de las revistas de poesía en papel, gracias a la dedicación y buen hacer de Julián Cañizares. Ya conocen mi querencia hacia la tinta y el papel. Esperaremos el Ayvelar 18.

miércoles, 1 de julio de 2009

Vacaciones críticas en DVD Ediciones.com

Un verano más, no descansamos en la web de DVD Ediciones. Si acaso, emprendemos las vacaciones críticas, que son las mejores vacaciones para tiempos de crisis. De aquí a lo que queda de verano, irán pasando por esta nueva sección de temporada todo un elenco de firmas literarias para mostrarles cómo pueden combinarse ámbitos aparentemente tan contradictorios como la molicie y modorra del verano con una mirada indagadora, crítica, despierta o puñetera. Sergio Gaspar y un servidor se sumarán a tal empresa. El resto de firmas ya las irán descubriendo. Es posible que algunos ignoren aún que van a participar. No se lo pierdan. Sean críticos.

También, cómo no, la sección de firmas invitadas irá sumando más nombres. Entre tanto, les recomiendo las dos últimas entregas: Francisco León y José Ángel Cilleruelo. Por cierto, mil gracias, una vez más, a Álex Chico por haberse hecho eco en su Isla de Elca de la firma de Francisco León.

domingo, 14 de junio de 2009

Revista Kafka

Acaba de salir al aire el número 5 de la espléndida revista de humanidades Kafka, capitaneada por Álex Chico y Sergio Sastre, segunda entrega de su nuevo y seguro periplo por internet. Para mí es un honor colaborar con tres poemas inéditos en este número estival. Doble honor, por haber sido invitado a este espacio que se presume fundamental y de obligada lectura entre la babilonia digital de las letras, y por estar entre colaboradores y colaboraciones de la talla de los que siguen (copio el contenido del blog de la revista). No se la pierdan.


Artículos:

El libro de los filósofos muertos, de Santos Domínguez
Anatomía de un instante, de Manuel Simón Viola

Poesía:
Antonio Reseco (inéditos)
José Manuel Díez (de La caja vacía, e inéditos)
Juan Manuel Macías (inéditos)

Relatos:
Pesadilla por entregas, de Antonio Serrano Cueto
El novelista canibal, de Salvador Gutiérrez Solís
Dos hombres comparten soledad, de Gemma Pellicer
Páginas de un dietario inédito, de Rafaél Fombellida

Entrevista:
Esther Tusquets

Ártes Plásticas:
Zoe López (fotografía)

miércoles, 10 de junio de 2009

La noche de Katie King

Tibio vapor, nostalgia de cereza
y un vago escorzo, apenas un vestido,
son tu oriente sin norte ni sentido
entre el polvo del tiempo y la pereza.

Tímida sombra donde el sueño empieza
a tirar del ovillo del olvido
—humor de los desvanes—: no has vivido
más luz que esa fugaz naturaleza.

Una precariedad de mariposa
te mueve entre la noche y la mentira
hasta perderte al borde de la aurora.

Y tu nombre tan sólo, y tu dudosa
historia, es una frente que delira
o un rubor que en las manos se demora.


(Encontré este viejo soneto por mi disco duro y me hizo gracia revisitarlo. Creo que es el único soneto dedicado al ectoplasma fraudulento de Katie King. La muy discreta y volátil Katie King, de cuya propia inexistencia jamás tuvo culpa. En fin, no lo volveré a hacer más).

sábado, 16 de mayo de 2009

Escribir en piedra

El camino Puriceli es acaso la ruta más cómoda para practicar en Cercedilla eso que ahora llaman "senderismo", y antiguamente "andar por el monte". Si siguen su placentero itinerario encontrarán, tras un recodo que se ejecuta casi en ángulo recto, una enorme piedra de granito donde se lee, con trazos de pincel y pintura roja, en mayúsculas, esta enigmática inscripción: "caramelos Paco".

Supongo que no sería difícil rastrear la historia, pero a mí me da pereza y, además, me encuentro mucho más a gusto en el pensamiento mitológico. De esa manera, uno puede imaginarse a algún caminante ancestral que una vez hizo ese mismo camino con un bote de pintura y un pincel en la mano, para dejar en una piedra de granito su modesto, aunque contundente, homenaje a la marca de caramelos. E incluso cabe pensar en un extravagante y romántico gesto de publicidad por parte de la propia marca, que anhelaba ser conocida sólo en un camino de Cercedilla. Pero, ¿por qué en Cercedilla, por qué en ese camino y precisamente en esa piedra? Aunque uno tienda a las mitologías, ya conocen esa grata máxima de que las mejores historias son las que no se saben o no se cuentan.

Ahora bien, puede que la sensación de misterio se tambalee un poco, si yo les revelo la existencia de Caramelos Paco, que es una muy venerable, muy famosa y muy antigua tienda de, evidentemente, caramelos. Está en Madrid, por la calle Toledo. Tal vez la magia que pretendía al principio empiece a deshacerse si les digo que la tienda cuenta con una esmeradísima página web. Y, sin embargo, cada vez que me cruzo con esa piedra y esas palabras, me entra siempre el mismo asombro, y veo a los caramelos Paco con una notable pretensión de eternidad megalítica frente a su dudosa y contingente presencia en internet.

Recorro siempre con ese pensamiento encima lo que me queda de camino Puriceli, escoltado por unos pinos tan solemnes como las columnas de un templo. Enderezo hasta el sanatorio de la Fuenfría y retomo la carretera que me devuelve a la civilización. Cualquier lugar con calles y casas es la civilización, cualquier sitio donde los hombres se soporten y se llamen entre sí vecinos. Pero la carretera no me lleva esta vez a Cercedilla sino a Pompeya, sepultada por siglos y lava volcánica. No me sorprendo. Me da igual, Cercedilla o Pompeya. El caso es llegar y descansar de montes y santuarios. Paseo por burdeles y tabernas. Aparto los dioses y los monumentos y el tiempo con manos cuidadosas y acaricio las paredes. Leo las palabras que han escrito mis vecinos, que son una metáfora de mí mismo, con la mano segura que mueve el ocio o el deseo. Están escritas en latín vulgar y las traduce Enrique Montero Cartelle. Las publica Gredos. Hay de todo. Sentencias de alambicada escatología, anuncios de prostitutas, siempre escuetos pero precisos ("Éutique, griega. Dos ases. De complacientes maneras"), graciosas imágenes onanistas ("Cuando el pensamiento de Venus me abrase con ardor insoportable, daré que hacer a mis manos removiendo las aguas"), poesía generalmente mediocre, o confesiones como ésta, de una temeridad sobrecogedora: "Si puede haber fe entre los hombres, sábete que siempre te amé a ti sola desde el momento en que nos conocimos". Pero la inscripción que más me sorprende es la que les copio a continuación, y pienso en aquel vecino mío que descubrió que la palabra Roma era un palíndromo al mismo tiempo que se descubrió a sí mismo decididamente ultraista. Y nos lo quiso participar, quizás también por altruismo:

R O M A
O.......M
M.......O
A M O R

Mis vecinos sabían, como Homero, que las palabras tienen alas y se las lleva el viento. Y que después de la voz nada mejor que la piedra. La piedra impone sus leyes y es un remanso para el pensamiento, que gira entre todas las palabras posibles. El hombre que escribe sobre una roca de granito o en la pared de una antigua taberna no quiere que sus palabras sean borradas, sabe que no hay vuelta atrás, no se deja seducir por la luz parpadeante del cursor. Y obtiene, así, una paz que se parece mucho al silencio.

Pero hoy estamos en manos de Internet, que es una memoria universal donde nos descargamos de nuestra propia memoria. Es una ameba monstruosa y cambiante donde todo puede ser borrado o enmedado. Los antiguos, es decir, la gente anterior al senderismo y a las tecnologías de la información, sabían muy bien esto. Los griegos y los romanos podrían haber tenido ordenadores e internet si hubieran querido, no lo duden, pero eligieron la solidez de las piedras y los muros para dejar sus palabras, frente a la fragilidad del disco muy mal llamado duro. Nosotros, que ya no andamos por el monte, vivimos presos de la representación binaria, donde las palabras y las frases pueden multiplicarse hasta el cansancio sostenidas por un juego o pantomima de espejos. Pero eso es tan vulnerable. El mundo, como sabía la gente que andaba por el monte, puede terminarse un sinnúmero de veces. Un día se terminó en Pompeya. Mañana nos podemos quedar sin luz, o se pueden venir abajo los servidores como las fichas de un dominó, o alguien querrá hacer explotar las cabezas nucleares que tenía guardadas en su desván, o una civilización extraterrestre creerá oportuno aniquilarnos. Yo qué sé, ya saben que en la sierra del guadarrama somos muy tremendistas. Pero es un alivio pensar que quedarán escritas las confesiones de madrugada, los palíndromos ultraístas y hasta los caramelos Paco, como monumento indeleble de nuestra propia fugacidad.

***

Nota: Éste texto forma parte de las Lecturas de verano que publiqué en la página web de DVD Ediciones el año pasado, junto con las lecturas de Sergio Gaspar. Ustedes disculpen que actualice mi bitácora con material enlatado, pero es que un servidor anda hasta el cuello de trabajo y sin resuello.

jueves, 30 de abril de 2009

A la vuelta de Barcelona

Les daba cuenta en la anterior entrada de las medidas de la ilusión que un servidor se llevaba puesta a Barcelona. Pues bien. Si marché contento, ahora vuelvo entusiasmado en grado superlativo, pero también, ay, con un punto de nostalgia, en el sentido etimológico del término. El ave, Internet y el teléfono son unos estupendos inventos, pero difícilmente pueden mitigar esa sensación incómoda de no poder estar cerca de las personas con que vale la pena compartir el hábito de vivir. Gracias a vosotros, que me acogisteis tan bien. Al gran Eduardo Moga, que tuvo el detalle y la generosidad de venir a escuchar mis poemas con la precaria voz que me dejó la timidez, a Agustín Calvo Galán, arquitecto de las Afinidades Electivas, al pianista (cuya identidad secreta no revelaré), pieza clave del Trío de Las Vegas. A Sergio Gaspar, editor y sin embargo amigo, que me enseñó Barcelona en tiempo récord, a la poeta Efi Cubero, que no pudo venir a causa de un merecido homenaje pero que estuvo presente en el recital. Y gracias, gracias, a Álex Chico y a Juan Salido-Vico, responsables de todo el tinglado, enormes poetas y amigos de los de presumir. Uno siente, sí, no estar más cerca de ellos. Y para subrayar esta observación acaba de ponerse a llover en Cercedilla.

Pero el Ave, no lo olvidemos, es un invento estupendo. Como el pacharán.

viernes, 24 de abril de 2009

El lunes nos vemos en La Cigale

La poesía, o lo que llamamos poesía, siempre me ha parecido (por mera aproximación) un misterio que sucede en la voz de otros. En mi historia personal, humilde, sentimental e intransferible de los versos he contado con amigos que me han regalado algunos de mis poetas o poemas de cabecera. Neruda, Borges, Lorca, Góngora, Lope, Kavafis han vivido a menudo en las voces de mis cercanos. Otras ocasiones, por contra, no tuve tanta suerte. Otras ocasiones la tipografía me ha impuesto su silencio y su soledad, y el poema no era otra cosa que una escombrera de tinta que uno, perezoso, se veía obligado a reconstruir. Y entre el esfuerzo, sin embargo, algún deslumbramiento repentino. El poema tomaba forma en esa voz interior que nadie sabe de dónde viene. Ni tan siquiera Saussure pudo explicarla en su poema épico intitulado Curso de lingüística general. Me ha causado no pocas obsesiones la dichosa voz interior, y tengo hablado mucho sobre ella, o con ella, tras la zozobra ancestral de quien descubre que se puede llegar a leer un texto sin mover los labios. ¿Pero quién es el que lee? ¿Quién nos lee, o a quién buscamos en el otro extremo?

Este lunes 27 un servidor estará del lado de los que leen, en Barcelona, compartiendo cartel con la poeta Ana Gorría, gracias a la generosa invitación de los poetas Álex Chico y Juan Salido-Vico para el ciclo de lecturas que han organizado en La Cigale. Viendo los nombres programados, los poetas que ya han intervenido, y la inmensa estatura lírica y humana de ambos organizadores, he de decir que me siento muy honrado por que se hayan acordado de mí, así que marcho a Barcelona con una ilusión más grande que un bergantín goleta. Diría (por mera aproximación) que la poesía es voz y un poema sólo existe cuando se dice, cada vez irrepetible. Intentaré por una noche prestarle mi voz a mis poemas. Una unión contingente, como quien dice.

Toda la información sobre Els dilluns de la Cigale aquí. No se lo pierdan.

jueves, 9 de abril de 2009

Un poema de Jesús Hilario Tundidor



DESPUÉS QUE CAE LA SOMBRA

Definitivamente he comprendido.
Todo el que bulle o hace ruido o grita
y gesticula y queda, unos instantes,
en la primera página de un mundo
inútil, locuaz mudez de muerte
representa. Paso fugaz, ira fugaz
es en el amplio conocer que olvida,
máscara, son, viento de una mañana.

Pero aquel que se sabe poderoso,
encauzado en el mar, llamado dentro
de una mortal entrega, de una lenta
labor, en la que vida o muerte sólo
es material de arquitectura o tránsito,
aquél que sufre y calla, acepta y toma
su herramienta, derrumba y edifica,
desnuda y viste, y multiplica el único
instante concedido, siendo humilde
penetra victorioso, pues conoce
que su ámbito es la luz y allí es su triunfo.

(Jesús Hilario Tundidor)

lunes, 6 de abril de 2009

ego

Uno cumple años y se descubre con el mismo aturdimiento de siempre. A estas alturas de la feria, me conformo con que las cosas sucedan, incluso cuando uno le sucede a sí mismo, porque sobre esto no dejo de atesorar unas cuantas preguntas de hogareña melancolía. Ensayaré un brevísimo muestrario, si no les importa, sólo por el placer de seguir preguntando. Veamos. Sigo sin saber por qué una tarde de invierno del 77 resolví que estaba enamorado perdidamente de la princesa Leia, y aún sigo pagando las consecuencias. Era un amor, como diría Ray Bradbury, anterior al cuerpo y la moral. Por otra parte, de niño, me sobrevino una febril obsesión por los trenes, los de verdad y los de juguete, pero jamás soñé con ser maquinista, como todo el mundo, sino mozo de coche-cama. Siempre he despreciado las matemáticas y toda mi adolescencia ejercí un acusado desdén hacia la poesía, aunque redactaba unos cuentos muy macabros que le preocupaban mucho a mi profesora de lengua. Jamás sospeché que estudiaría clásicas e ignoro, a ciencia cierta, cuál es mi profesión. Y a estas alturas de la feria sigo preguntándome por ese raro deber de escribir poemas, de dónde viene, cuando disfruto más hablando de tipografía y de ordenadores. Como ven, unos cuantos lugares de ese mapa tan confuso en su simpleza que solemos llamar, por convención, yo. Pero no me pondré puñetero como el gran Hume. Que las cosas sucedan (insistiré siempre) es un misterio de aquí te espero. Y que yo suceda tampoco deja de tener su gracia. Y que vosotros sucedáis es el no va más de los misterios. Pero ante un misterio, nada como llevarlo con naturalidad, como Cary Grant sus trajes o Juana de Arco sus batallas.

lunes, 23 de marzo de 2009

Publicité

Me avisa mi amigo y vecino Álex Chico de que ya está en el aire el nuevo número, en versión digital, de la revista Kafka, codirigida por Sergio Sastre y el propio Álex. No se la pierdan bajo ningún concepto. En ella encontrarán espléndidos textos de Jordi Doce, Efi Cubero, Daniel Casado y Juan Salido-Vico. A destacar también una entrevista a Gonzalo Hidalgo Bayal y una reseña de Eduardo Moga al magnífico poemario de José Luis Gómez Toré Fragmentos de un cantar de Gesta.

Otra buena noticia. Mi amigo y vecino Juan Salido-Vico ha sido flamante áccesit del premio de poesía Ciudad de Zaragoza, con un conjunto de sonetos reunidos bajo el sugerente título Gozne. El pacharán tiene que volver a correr con carácter de urgencia en este blog.

Y, ya que se ha hecho público, les anuncio que un servidor de ustedes tiene el honor de haber sido invitado a leer sus poemas en el ciclo de lecturas que Álex Chico y Juan Salido-Vico organizan en La Cigale, en Barcelona. Mi lectura, si no me falla la voz y consigo superar mi habitual timidez, está programada para el 27 del mes más cruel. Comparto cartel, nada menos, con Agustín Calvo Galán, Miguel Cordero, Javier Cubero y Ana Gorría. No dejen de visitar el blog oficial de Els dilluns de la cigale.

Como ven, todo son noticias agadables en estos días, incluyendo la entrada en las Afinidades Electivas de mi vecina y amiga la poeta Olga Bernad y que a las azucenas y las rosas les ha dado por andar desnudas. Indudablemente, estamos rodeados de héroes.

viernes, 20 de marzo de 2009

Azucenas en camisa

Hoy, que comienza la primavera (o algo parecido), me entran unas ganas terribles de rescatar a Gerardo Diego de esa cárcel llamada "bachillerato". Gerardo Diego es uno de los mejores poetas del siglo XX, y la poesía del siglo XXI, cuando se tranquilicen las aguas, estará claramente en deuda con él. Así que aquí les dejo uno de sus más célebres singles, escrito en plena fiebre gongorina. Si todo soneto es a Violante, todo poema es adrede.

****

Venid a oír de rosas y azucenas
        la alborotada esbelta risa
Venid a ver las rosas sin cadenas
       las azucenas en camisa

Venid las amazonas del instinto
       los caballeros sin espuelas
aquí al jardín injerto en laberinto
       de girasoles y de bielas

Una música en níquel sustentada
       cabellos curvos peina urgente
y hay sólo una mejilla acelerada
       y una oropéndola que miente

Agria sazón la del febril minuto
       todo picado de favores
cuando al jazmín le recomienda el luto
       un ruiseñor de ruiseñores

Cuando el que vuelve de silbar a solas
       el vals de «Ya no más Me muero»
comienza a perseguir por las corolas
       la certidumbre del sombrero

No amigos míos Vuelva la armonía
       y el bienestar de los claveles
Mi corazón amigos fue algún día
       tierno galope de corceles

Quiero vivir La vida es nuevo estilo
       grifo de amor grifo de llanto
Girafa del vivir Tu cuello en vilo
       yo te estimulo y te levanto

Pasad jinetes leves de la aurora
       hacia un oeste de violetas
Lejos de mí la trompa engañadora
       y al ralantí vuestras corvetas

Toman las nubes a extremar sus bordes
       más cada día decisivos
Y a su contacto puéblense de acordes
       los dulces nervios electivos

Rozan mis manos dádivas agudas
       lunas calientes y dichosas
Sabed que desde hoy andan desnudas
       las azucenas y las rosas

lunes, 16 de marzo de 2009

Intermedio

«La imagen múltiple no explica nada; es intraducible a la prosa. Es la Poesía en el más puro sentido de la palabra. Es también, y exactamente, la Música, que es sustancialmente el arte de las imágenes múltiples; todo valor disuasivo, escolástico, filosófico, anecdótico es esencialmente ajeno a ella. La Música no quiere decir nada. (A veces parece que quiere; es que no sabemos despojarnos del hombre lógico, y hasta las obras bellas, desinteresadas, les aplicamos un porqué). Cada uno pone su letra interior a la Música, y esta letra imprecisa varía según nuestro estado emocional.»

Gerardo Diego, Posibilidades creacionistas

jueves, 12 de marzo de 2009

Cantiga del despertador

Acude en la deriva de tus senos
desde el balcón que besan los suicidas,
sobre los aparejos del olvido.

Tiende una tibia estela de distancias,
de octubres en galope. Tráeme el tiempo
con sabor a metal adormecido.

Baja gritando por las catedrales
entre la pura vertical desnuda
y la querencia del meteoro huérfano.

Sé todo cuerpo, sin favor del aire.
Fatiga balaustradas, tráeme el tiempo
sangrando largamente sus racimos.

Llena mis ojos desde tu hemisferio
con el agua perpetua de esa noche
donde se fundan todas las estrellas.

(De Cantigas y cárceles)

lunes, 9 de marzo de 2009

Leixaprén

La más bella y misteriosa cantiga de amigo de Martín Códax siempre me pareció, sin duda, esa que empieza por el verso "Ay Deus, se sab' ora meu amigo". La leí por primera vez, aturdido, en la benemérita Lírica española de tipo popular de la gran filóloga mexicana Margit Frenk Alatorre. Sus dos últimos versos los usé tiempo depués como lema para un soneto mío que formó parte de mi libro Azul de enero. El soneto, a estas alturas, ya no tiene remedio, y para mayor desgracia no consiguió curarme de la enfermedad recurrente que siento por esta cantiga y por su enigmático sujeto. Y es que esa chica desconsolada que llora frente al mar de Vigo siempre me regresa intacta en su disgusto cuando la primavera, o algo parecido, amenaza con manifestarse. No puedo con ella, ni logro hacer que pare de llorar o de llover. Ni mucho menos pueden los eruditos, tan insensibles, que tienen un nombre para todo. Hablan de paralelismos y de leixaprén, como si todo eso la consolara a la pobre. Leixaprén, una palabra con cadencia de conjuro que designa el recurso retórico de usar los segundos versos de dos pareados al principio de las dos siguientes estrofas. Pero ese llanto va más allá de los voluntariosos quehaceres del taller del artesano. Es un llanto que nos sobrecoge de puro verdadero, y ahí reside la victoria y el talento del trovador gallego. Seis estrofas entreveradas por un estribillo obsesivo y descarnado. Y ese llanto circular y cerrado sobre sí mismo, sin ninguna esperanza que no sea el amigo que nunca vendrá, porque, como todo poema bien acabado, la cantiga es infinita. Y también nos demuestra que, en extrañas ocasiones, el arte también prefiere la simetría.

Pero la cantiga fue escrita, sobre todo, para ser cantada. La mejor versión que conozco es la del grupo australiano Sinfonye (sic). Es una versión que puede molestar a los puristas, de tan libre y apasionada. Así debe ser. Creo que Martín Códax estaría satisfecho de escuchar su desgarro galaico-portugués en esta voz de lejano acento y raro sabor de antípodas. Creo, por otra parte, que Martín Códax escribió un blues y nadie se lo dijo, ni siquiera los eruditos.

Ay Deus, se sab' ora meu amigo
com' eu senneira estou en Vigo!
E vou namorada.

Ay Deus, se sab' ora meu amado
com' eu en Vigo senneira manno!
E vou namorada.

Com' eu senneira estou en Vigo,
e nullas gardas non ei comigo!
E vou namorada.

Com' eu senneira en Vigo manno,
e nullas gardas migo non trago!
E vou namorada.

E nullas gardas non ei comigo,
ergas meus ollos que choran migo!
E vou namorada.

E nullas gardas migo non trago,
ergas meus ollos que choran ambos!
E vou namorada.

viernes, 27 de febrero de 2009

Una rima

Una rima es un péndulo muy serio,
arco iris con billete de ida y vuelta
de tus párpados al centro del misterio.

Qué raro cautiverio
licuarse entre la lluvia más esbelta,
dejarse columpiar por las campanas
en la tarde erigida de manzanas
y hablar al viento en íntimo salterio.
Vibrar con los sedientos arenales,
llanto desesperado de resquicios
por hacer sonar tu pelo entre un corro de puntos cardinales.

Una rima es un faro de pupila alterna
para peinar con siglos y leyendas la ola
y humedecer tu lenta espalda con precipicios.
Aldebarán derrama la estela roja de su linterna;
rema y rema violín y barcarola,
y enarbola sin miedo la bandera
del ágil minutero pulsador de oceanos
que gira por la tierra (peonza o calavera.)

Una rima es la luna mensajera,
periódica hilandera
de mi sombra a la palma de tus manos.

(De Cantigas y cárceles)

sábado, 7 de febrero de 2009

En romance

Estas lentas palabras tienen algo
del lento sol que por las tardes últimas
de septiembre se desvanece en plata.
Son el misterio púrpura del vino
que en el lagar renace como un niño
de bulliciosa voz y ojos de anciano.
Estas palabras vienen a los labios
como la luna al filo de una alberca
sentimental,‭ ‬antigua,‭ ‬austera y noble.
Son la tierra mojada,‭ ‬el casto viento
que trenza ensalmos entre las encinas‭;
el acero templado de coraje‭;
el mendigo y el rey,‭ ‬que,‭ ‬en la alta hora,
saben verse entre sí como un espejo
del hombre eterno que en silencio muere.
Y son la ciudadela,‭ ‬y son el mármol
que preserva batallas y sentencias,
siempre a salvo del vicio de los días.
Estas lentas palabras son los padres
que nos legaron templos,‭ ‬viejas ropas
y una historia aprendida en los desvanes.
Y son también las nubes sin historia
que edifica el desierto en el cansancio
donde sólo la fe mantiene en vilo
la seda,‭ ‬con el peso de la muerte.

Más allá de las áridas gramáticas,
más allá de los fríos anaqueles,
más allá de las hojas de los años
y más allá de la literatura,
estas lentas palabras son mi sangre,
y arden en ellas muchas vidas juntas,
muchos ojos que miran desde el tiempo,
si las hago volver de sus abismos
para hablarte al oído.‭ ‬Estas palabras
son mi cuerpo hecho trizas por la arena,
mi corazón transido de oleaje,
mi alma recogida en caracola.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Xaicu







(Versión culta)

Ondas do mar
multiplicando senos,
y tú en quimono.





(Ondas do mar de Vigo, Martin Codax, en versión de Synfonie)

lunes, 2 de febrero de 2009

Perejil, salvia, romero y tomillo

¿Alguien tiene derecho a decir que un poema le hace pensar? Es probable que a favor y en contra se puedan edificar sendos entramados teóricos, igualmente aburridos. Pero de veras que no me encuentro con ánimo de hacerlo, por muy débil que sea la carne. En el fondo, opinar sobre la poesía es tan ocioso, contradictorio y libre como hacerlo sobre el clima. Sin ir más lejos, hace un par de días me encontraba a mí mismo participándole a un vecino, no sin discreto entusiasmo, que los días ya empezaban a tener color de primavera. Esa misma noche el cielo empezó a nevar de nuevo, con declarado entusiasmo. Veo en la ventana los tejados cubiertos de nieve, los jardines, las calles, Cercedilla, el mundo. La nieve como un terco, indescifrable palimpsesto de sí misma. Me aventuro a dar mi tímida opinión sobre algo. A un poema no le pido que me haga pensar (como tampoco al clima), sino que me deje el pensamiento de un determinado color. Esta antigua tonadilla tradicional inglesa (o escocesa, no lo tengo muy claro) parece tener derecho a dejarme el pensamiento de color verde, con su estribillo de perejil, salvia, romero y tomillo. En todo caso es un verde muy pálido, algo que está a punto de declararse, que espera su momento, sus límites, como una diminuta promesa a media voz o un secreto guardado en la cartera del colegio. Conocerán la tonadilla, sobre todo, por la versión que hicieron Simon y Garfunkel. Pero yo prefiero escucharla en la voz enferma y adicta, llena de fe, de la gran Marianne Faithfull. No sé si la primavera vendrá finalmente a salvarnos o si nos hará, irremediablemente, más sentimentales.

viernes, 30 de enero de 2009

Letrilla marinera en Cercedilla

xxxxxxxxxx



Princesa del participio,
ya no me quedan mareas
para que tú me las leas:
sólo cienos traicioneros.

Ruleta de los remeros,
dime, ¿por qué no me enrolas
en el trajín de tu artesa,
panadera de las olas?

Condúceme hasta el principio
de tus tormentas a solas,
............................................princesa
del dulce ripio.

sábado, 10 de enero de 2009

Nievelunio

Nieve sembrada alrededor de luna
que, en fiebre de silencio, vela y canta.
Calma de cielo y tempestad de manta
sobre mi pecho sin estrella alguna.

Tropiezo ensombrecido, de una en una,
con las claras cadenas que levanta
nuestra distancia obscena. Sólo aguanta
mi bandera de vientos y fortuna.

Y un largo mar que acuna sus cristales
come del aire y de mi cuerpo bebe,
donde dueles y a solas me torturo.

Luna fundida en fiebre de arrabales,
multiplicada en mil vientres de nieve,
fría de luz, vencida en fuego oscuro.